En un mundo apocalíptico y oscuro, una niña sin nombre se ve en la necesidad de proteger un huevo, mientras recorre solitaria sus calles en busca de garrafas de cristal que llena de agua, hasta que se cruza en su camino un desconocido.
Si vas a ver la película, será mejor que no sigas leyendo.

La verdad es que lo que más me intriga en esta película, es el agua precisamente. Es, junto con la niña y el desconocido, el único elemento "vivo" en ella. No obstante, el agua representa vida y pureza en Japón, pero es contradictorio, porque en las referencias bíblicas que contiene la película, es el agua el orígen del desastre en el arca de Noé. Si se atiende al breve diálogo que en algún momento de la película mantienen los dos protagonistas, donde se hace referencia a un dios que envía un diluvio viendo la maldad de los hombres, y decide destruirlos, vemos muchas semejanzas. Sólo Noe es elegido para construir el arca y salvar a hombres y animales, pero esta nueva metáfora parece que está hecha al revés, como si viendo la destrucción de todo lo que les rodea, el desconocido ( que puede ser el mismo Noé, o tal vez Adán), decidiese que no habrá un nuevo principio. La paloma enviada por Dios 3 veces y que no regresó, aparece petrificada en éste mundo oscuro y frío, junto con restos fósiles de vidas pasadas, entre almas vagando en pena que repiten los mismos patrones que cualquier fantasma: siempre a la misma hora, una pesca de sombras tambien fantasmas de lo que fueron en su día. ¿Viven en un sueño, o es la realidad? ¿Existe el tiempo? ¿Cómo saberlo, cuando no se sabe desde cuándo llevan las garrafas de agua alineándose contra las paredes?
La niña protege la inocencia que representa el huevo, la esperanza, hecha añicos por el desconocido. No habrá un nuevo comienzo.
La verdad, es que es una película que me encantó, de esas que dejan marcados a quienes las ven, y no saben exactamente por qué.


